Hablo de la que habita tras los ojos que no tengo.
Hablo de vos que te estremeciste al nombrarme.
El diamante de mi alma se fragmento en dos,
Se disipó en el viento.
Hablo de la que canta lo innombrable.
La que pone las palabras en mi boca.
La que duerme en el cuenco de mi mano.
La que se arroja frente a los espejos cuando descubre que su cuerpo se ha ido.
La que hoy enuncia con mi voz, su voz.

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